El relato

He escuchado a lo largo de los años la voz de quienes me visitan. Sobre todo la he escuchado. No siempre he sabido responder a su narración y no siempre se ha escuchado mi respuesta. Pero las palabras se han oído por la voz o se han leído en la escritura, es decir, se han podido expresar, saliendo de la oscuridad del silencio. Y, solo eso, ya transforma.

Tengo muy presente una canción muy repetida en mi juventud de un grupo excepcional llamado Aguaviva y basada en un poema de Blas de Otero:

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

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